Jules: I want you to go in that bag, and find my wallet.
Pumpkin: Which one is it?
Jules: It’s the one that says Bad Motherfucker
En 1994, justo una semana de haber visto el estreno de El Rey León en los cinemas Miramontes, que ahora son una agencia de automóviles, un amigo que trabajaba en ese cine logró colarme al estreno de una película de un director que, según decían, iba a ser muy influyente en esa década. La película era Pulp Fiction y cambiaría mi forma de ver el cine y mi forma de ver la vida, en sólo 2 horas aprendí lo gracioso que era ver una decapitación por bala, ya que era el único que reía frenéticamente en el cine ante esa escena, y también aprendería de narrativa audiovisual, al ver la extraña forma en que está contada; ahora ya común en ésta época dónde hay varias películas con narrativa no lineal. Pero en ese entonces impactó a todos los que asistimos a esa sala de cine.
La película comienza con una escena en una cafetería, que ahora ya es un cliché de Tarantino, dónde dos personajes se caracterizan por tener una plática hasta insulsa sobre como se ganan la vida de forma poco honrosa, hasta que deciden que dado que robar licorerías es muy peligroso y trabajar no es una opción viable, pues deberían robar la cafetería, en ese momento. Así mientras el florido lenguaje del personaje Honey Bunny nos deleita con amenazas entra la canción titulada Misirlou de Dick Dale and his Del-Tones mientras aparece el título de la película.
Ésta cinta trata algunas historias que se entrelazan; una sobre unos gatilleros de poca monta, que después de sucesos extraños en un mañana y mucho humor negro deciden que hacer sobre sus vidas y un boxeador que decide traicionar a la mafia durante una pelea y las extrañas consecuencias de sus actos. Todo lleno de un lenguaje muy curioso y diálogos tan sencillos que cualquier persona podría tener en una cafetería antes de asaltarla o después de matar a alguien a golpes.
Es necesario notar lo sublime de la musicalización que hace que haya más copias del soundtrack vendidas que copias de la película misma, y que una secuencia de baile salvó la carrera del ya obsoleto John Travolta quien ya solo se dedicaba a “mirar quien hablaba” una y otra vez sin absolutamente ningún chiste y que volvería a cobrar en millones después de bailar con la guapísima Mia Wallace.
En resumen, un clásico de los 90 que deja notar lo turbio de la Academia al perder el Oscar frente a la pro-gringa Forrest Gump aunque, no obstante, define la década en el lejano 1994 y cuya influencia en el cine y televisión es innegable.
Por cierto, el contenido del portafolios aún es motivo de polémica en Internet.
- E. Meritano
