EL HOMBRE ARAÑA III
Por El Obal
Hasta finales del siglo XX (hace menos de 10 años pa quien no lleve la cuenta), los comics en general (y los comics de superhéroes en particular) eran considerados cultura chatarra, no sólo por los críticos y artistas, sino por los grandes empresarios del mundo del entretenimiento, para quienes una película o programa de TV con base en un comic no podía, por más que se intentara, pasar de un producto infantil o de ‘serie B’. Batman y Superman se salvaron del prejuicio por ser considerados iconos mucho más allá del comic; sin embargo todos los demás superhéroes, incluido el universo marvel completito, conservaban el estigma de plaga que ni los cultos ni los capitalistas (o sea, los que gobiernan el mundo del entretenimiento) querían ver ni tocar. La película de X-Men (2000) rompió este estigma, presentándose descaradamente como un blockbuster basado en personajes que hasta entonces seguían siendo considerados principalmente de comic; pero el verdadero parteaguas no se dio sino hasta dos años después, cuando una película basada en un superhéroe (una vez más, no un icono cultural como superman o batman, sino un personaje principalmente de comic) no sólo tuvo un éxito sin precedentes, tanto artístico como comercial, sino que rompió récords históricos de taquilla para su época, reafirmó la importancia del comic de superhéroes en la cultura pop, y engendró una fiebre de películas de superhéroes para los cinco años siguientes. Me refiero obviamente a la película Spider-Man, cuya tercera secuela se estrenó hace poco más de una semana en casi todo el mundo.
Esta secuela, que ostenta el misterioso e inexplicable título de Spider-Man III, se distingue de las otras dos por haber seguido la misma tendencia que las más recientes películas de superhéroes producidas por Hollywood (estoy pensando específicamente en X-Men: The Last Stand, Batman Begins y Superman Returns, todas producto de la misma fiebre/moda superheroica), es decir: 1) cada vez mayor respeto por el material original, 2) cada vez más pretensiones artísticas y estéticas, y 3) cada vez mayor presupuesto. Como las otras tres películas mencionadas en el párrafo anterior, Spider-Man III sale igualmente beneficiada y perjudicada por estas tres tendencias. Por un lado, la historia y los personajes son cada vez más complejos, al grado de que la película nos muestra mucho más de su vida cotidiana y sus sentimientos humanos que de sus actividades superheroicas; esto inevitablemente se traduce en una película más profunda, interesante y rica en momentos emocionales e introspectivos – y, por momentos, más aburrida. En segundo lugar, los productores confían cada vez más en el cine de superhéroes, lo cual nos permite ver escenas y efectos que igualan y en muchos casos superan el de las más grandes superproducciones. Las escenas de acción son inigualables; la primera batalla contra el Duende (hijo del original, como en el comic) está de lujo, aunque molesta un poco que spidey pase todo el tiempo en ropa de civil (sin duda una condición del contrato de Tobey Maguire). Los efectos del Arenero y Venom (los otros dos villanos de la película) son impactantes, como era de imaginarse, y en lo que se refiere a adrenalina pura esta película no le pide nada a las dos anteriores, aunque el combate con el pulpo en la II sigue invicto en mi corazón. Finalmente, al perderse el estigma de ‘inferioridad’ de los comics de superhéroes, los guionistas y productores respetan cada vez más la historia original de sus fuentes; en el caso de Spider-Man III, esto permite que el guión se apoye en décadas de hilos narrativos y tramas existentes, lo que lleva a una historia más sólida y entrañable, y numerosos ‘guiños’ para los viejos fans de la serie. Sin embargo, también lleva al sacrificio de reglas narrativas elementales para la narración fílmica, y por momentos la historia se arrastra y tambalea bajo el peso de confusas e innumerables subtramas, que ahogan el impacto de las escenas de acción (que como ya dije son excelentes), y condenan a la película a un final largo, lento y casi cursi – aunque a mí en lo personal me gustó mucho, sobre todo por su tono controlado y su ambigüedad.
Aquí hay que acotar que de un tiempo a esta parte, la industria fílmica hollywoodense sufre de una grave incapacidad de síntesis, y a veces parece que los guionistas hacen todo lo posible por meter todos los elementos posibles de su manuscrito original (o del material en el que esté basado la película) sin importarles el ritmo, duración o calidad del producto final. Todas las películas de superhéroes de los últimos tres años padecen de ello, y Spider-Man III no es la excepción, pero se trata de un problema generalizado en hollywood (como se evidencia en la por otra parte excelente trilogía de Lord of the Rings, y en la bastante menos lograda de Piratas del Caribe).
En resumen, Spider-Man III es un producto más de la fiebre del cine de superhéroes, con su exceso de historias, sus infladas pretensiones artísticas y su refinamiento en acción y efectos especiales; sin embargo, como ha sido tradición desde que inició la franquicia fílmica de Spider-Man, la historia es más profunda, la dirección es mejor y la película es más amigable con los fans hardcore – como yo, que estoy más que dispuesto a perdonarle sus múltiples fallas y verla de nuevo.
8 de 10
Obal
- PELICULA: Spider-man 3
- ESTUDIO: Columbia Pictures
- DIRECTOR: Sam Raimi

